Las curricas artesanales, el legado de Antón

La pesca artesanal, la del uno a uno es la verdadera pesca, la que respeta al medio marino y la regeneración del mismo, la que nos abastece a base de esfuerzo, trabajo y constancia.

Afortunadamente en nuestras islas, este tipo de pesca se sigue practicando, no solo por los más viejos, sino por las nuevas generaciones que, además de disfrutar de nuevas técnicas e inventos, que no dejan de aparecer en el mercado y el que peca lo sabe bien, también siguen disfrutando del legado que nos deja el pasado, legado cedido por padres y abuelos.

Nosotros no podemos evitar sentirnos especiales cuando alguien nos pregunta si conocimos al gran Antón y respondemos que sí y que además nos dejó algo muy especial ¿Tú no sabes quién es?

Antón era un pescador vasco concretamente del municipio de Bermeo que un buen día decidió probar suerte en las islas afortunadas y para nuestra alegría eligió nuestro pueblo, Los Cristianos, para quedase a vivir durante más de treinta años hasta su muerte, hace ya unos años.

Aquí se le conoció por su carisma, pero sobre todo por el arte de la pesca. No por ser el que más pescaba, sino por las manos que tenía para hacer lo que hoy se conoce como la currica artesanal.

Las hacía en sus ratos libres, en varios colores y tamaños y no eran pocos los que se acercaban hasta este rincón de la isla de Tenerife para hacerse con unas cuantas, pues por lo visto con ellas siempre se pescaba y cogieron fama de mágicas.

Nosotros conocimos a Antón, aprendimos de él y por suerte, conseguimos hacernos con su gran legado, las curricas artesanales de Antón y, a día de hoy no son pocos los que aún vienen a vernos expresamente en busca de ellas, que si bien no son mágicas guardan algo de magia en cada uno de sus nudos.

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